Logan se está volviendo loco, ¿para qué quería él una niña?, sin esposa, sin tan siquiera querer una relación y ahora, tras tantos años solo, me sale con estas. Ahora que el negocio va viento en popa, me obliga a discutir precio y perdón con ese maldito rufián. Solo espero no acabar hecho picadillo.
El camino oculto de la mansión me servía para entrar y salir sin ser visto. Al salir, recogía mi capazo llenó de fruta y emprendía el periplo de salida. Logan tenía unos protocolos muy estrictos, me hacía recorrer, cada vez por un sitio, aquella maldita arbolada, llena de pinchos, mosquitos y seguro que depredadores hambrientos.Según me decía todos los malditos días, <<nunca se está suficiente seguro de que no te siguen>>
Cómo si yo estuviese tonto.
Al salir de la zona noble. Cruce el canal por el puente Este. Era de piedra gris, como toda la ciudad, con resquicios de moho y los adoquines desgastados por el paso de carretas y carrozas. Los guardias vigilaban en patrullas de seis, en ambos lados el acceso. Con su desfile permanente de un lado a otro. Hacía mucho tiempo que ya no me paraban, y de vez en cuando, al llegar a la garita. Regalaba el resto de fruta que no había dejado en la cocina de mi querida Cloti.
Las calles que transcurrían estaban atestadas de pequeñas tiendas de menaje. Artesanos y sastrerías. Tabernas de renombre y anticuarios.La gente se movía como hormigas, deprisa, en masa y no muy pendiente de lo que sucedía a su alrededor. Pero para unos ojos expertos, aquello era un vergel para un ratero.
Algunos niños robaban, eficazmente, las carteras o monederos de los transeúntes, que para cuando se daban cuenta, el ladronzuelo estaba ya bien lejos. En otra época, yo había uno de esos niños. Así conoció a su amigo Logan. Gracias a él, no acabe en una soga tras un intento de robarle. Por alguna razón, ese hombre tenía la manía de ayudar a los niños en problemas.
¿Qué hubiese sido de mí sin su ayuda?, Y yo, dudando de sus razones para ayudar a esa niña. Que mala persona soy, joder.
Entre cavilaciones llegué a la zona más humilde de la ciudad, limítrofe al puerto y bordeada de canales. Que en algún tiempo fueron, de alguna manera, tanto decorativos, como para meter mercancías en los grandes almacenes. En ese momento, allí no flotaba más que residuos de la ciudad y muchos, aseguraban que también las acequias. El fondo… bueno, en el fondo se decía que había más cuerpos que peces y yo era uno de los que lo creían. Para qué mentir, yo mismo había lanzado algún cadáver en un saco lleno de piedras. Logan es un gran asesino, pero el trabajo sucio. Los que se manchan las manos de fiambre, somos otros.
Pase por la puerta del prostíbulo, era el más austero y económico de la ciudad, sus mujeres mostraban sus cuerpos austeros y económicos por los balcones, mientras me lanzaban piropos y sonrisas coquetas. Y ya que estamos siendo francos, también acudía bastantes veces al mes.
Crecí viendo aquellas mujeres en cueros, escondido en cualquier esquina, como todos los chicos de la ciudad, y una vez llegabas a la madurez, aquella fantasía, era más excitante que cuerpos bonitos y, además, caros. La Madame, que era de todo, menos austera con su maquillaje y vestidos, se cruzó en mi camino.
— Querido Paúl, ¿vienés a ver a alguna de mis chicas?
— Me temo que no, ricura — la mujer debía superar los setenta años, y si sabías darle lo que buscaba, podía ser muy agradable y tenía muy buenas informaciones.
— ¿Cómo va el negocio?
— Cada vez peor… desde que esos engreídos trajeados, trajeron a esas esclavas sexuales, los nobles ya no nos visitan. Pobres chicas... — la mujer saco un pañuelo rojo y se secó una lágrima— hemos perdido el norte. Esclavas, a estas alturas. Mis chicas pueden elegir con quién si y quien no, negociar un precio y si el baboso de turno se sobrepasaba, Turban lo saca a la calle tras una buena torta. Pero esas chicas… he odio, que algunas pueden ser torturadas y asesinadas con impunidad.
Te pillé
Luciana podía ser increíblemente hábil sacando a un hombre distraído información. La improvisación al cruzarnos, su lágrima por las mejillas para hacerme bajar la guardia, como gana simpatía, explicándome lo bien y contentas que están sus chicas. ¿Para qué? Son sacarme que Logan tiene una niña de esas y el Duque está implicado.
— No sé nada de eso, yo te soy fiel, Luciana —le sonreí de oreja a oreja y ella leyó en mis ojos lo que había descubierto.
— Cada vez eres más listo jodio, o todo lo listo que puede ser un patán como tú — esta es mi Luciana —, pero no me vas a negar que sabes algo.
— Nada de nada — le dije mirándola a los ojos.
— Ya, ya, pero que conste que lo de mis chicas era de verdad — me dio un golpecito en el pecho y se metió en su edificio.
Cuanto más me internaba en el barrio, las calles comenzaban a ser más estrechas, más sucias, pero más cálidas. Incluso en invierno, la aglomeración de estufas de las casas te permitía pasear si chaqueta por allí.
La gente, me saludaba, me preguntaban sobre cosas puntuales del barrio o me pedían ayuda. Desde hacía años, todos mis vecinos sabían que yo, podía ayudarlos dando un empujoncito a sus carteras. Les conseguía mejores jornales en mejores sitios, siempre que el que salía de esos empleos, ya había recuperado su economía. Era una rueda. Logan hacía de nexo con los patronos. A los más valientes, podía ponerlos en contacto con gente como el Duque y los más peligrosos. Los que ponían en peligro a todo el barrio, acaban siendo comida para los pececillos del río.
El salón del gremio estaba a dos calles de allí, era un lugar de encuentro del barrio. Allí se guisaba todos los asuntos sociales y políticos. Donde se aconsejaba y donde las riñas entre vecinos eran juzgadas por el Juez, para dar resoluciones que fuesen equitativas. Me encantaba ese sitio. Se podía aprender mucho de aquellos vejestorios. Sobre todo, si al mayor de aquellos vejestorios, era tu tío y padre a la vez.
Era raro ver tan vacías aquellas callejuelas, me olió mal, allí pasaba algo. La calle del salón estaba desierta. Corrí hasta la puerta y las abrí de par en par. Dentro la gente estaba arrodillada. Al fondo, en el salón, la silla de Juez, que era el título de mi tío, estaba ocupado por otra sombra que no podía reconocer por el cambio de luz. Cuando mis ojos se acostumbraron a la nueva iluminación, vi al Duque sentado en su sillón y mi tío, arrodillado a su lado.
— Por fin apareces, hombrecillo — dijo el Duque con desdén —, ¿Qué no entendiste de que tenías que devolverme a mi activo?, espero que no sea necesario manchar esto de sangre.
— La tengo localizada, esto no es necesario, deja que se vallan.
— De aquí no se va nadie — tras él salió uno de sus mercenarios con machete tan grande como una espada — y empezaré con la sangre de este cedo, tengo entendido que es tu tío. ¿No es así?
— ¿Dame un precio?, ¿Cuánto quieres por ella? — las cejas del duque se levantaron sorpresivas. Y una fina sonrisa se dibujó en su cara de rictus.
— Un precio, ¿Eh? Me robas y luego quieres comprar mi género — su sonrisa se ensanchó y me di cuenta de que no era una sonrisa amistosa.
— Si no la quieres vender, te la traeré en una hora.
— Aun así, esto tendrá un precio. No puedo dejar que rateros del tres al cuarto como tú, penséis que podéis coger lo que eso mío, y que, si os pillo, solo con pagar todo queda arreglado. No se llega hasta aquí, siendo un pusilánime.El Duque volvió a sentarse y colocó sus botas sobre la espalda de mi tío. Miré alrededor con él iban diez hombres de los grandes. Si me ponía gallito aquello acabaría mal para todos y también pude leerlo en los ojos de mi tío que negaba cuanto apenas con los ojos llorosos.
Me giré para dirigirme a por esa maldita niña y si tenía que noquear a Logan para conseguirlo, lo haría. La voz del Duque resonó tras de mí.
— ¿Cuánto está dispuesto a pagar tu hombre?
— ¿Cuánto pedirías?
— Digamos que si estuviese interesado… unas dos mil coronas de oro — eso era lo mismo que decir, no está en venta. Nadie pagaría un rescate de esa magnitud. Aunque Logan era muy estúpido…
— En una hora, estaré aquí, con la niña o el dinero.
— Espera, no corras, creo que necesitas cierta… motivación — miró a uno de sus secuaces, que con una barra de hierro golpeó a un anciano en la cabeza. El golpe fue tan fuerte que la barra se dobló. Las seos del hombre, mancharon el suelo y la sangre comenzó a emanar de su cabeza partida en dos. Avance hacia ese hijo de puta, le iba a partir el cuello.
—… no, no, no. Tú tienes algo que hacer. Por cada minuto que tardes, de más, alguno de mis hombres repetirá con uno de tus queridos vecinos. Y no todos tiene la suerte de morir de un golpe, a veces hay que ser persistente — el Duque hacía como que golpeaba a mi tío con una barra invisible. Me mordí la lengua. Trague saliva y salí de allí a toda velocidad.
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