Mala muerte: Capítulo 5 Rossy


¿Será esto real?, ¿hay gente buena en este mundo?... Hermano, ojalá estuviese aquí, conmigo. Puedo sentir como la oscuridad vuelve a recobrar su lugar en las profundidades de mi cuerpo. No solo me han liberado a mí, sino que también la han liberado a ella. Es tan cálida, tan impulsiva. Debo controlarme, mantenerla a raya como tú me enseñaste. No quiero hacerles daño. A ellos no. Pronto iré a por ti, y juntos, viviremos en paz, sea donde sea. Te echo tanto de menos.

Le dolía todo el cuerpo, las palizas continuas, la tenían magullada y dolorida, cada vez que aquella mujer de carácter terco, le frotaba, Tarta emitía un pequeño lloriqueo. Pero lo que más le dolía, era su herida en el cuello. Hacía más de seis años que la llevaba esa maldita cadena de plata. No solo le oprimía el cuello, sino también el alma. Su oscuridad iba creciendo y ella, a su vez, la domaba tranquilizadora, Cloti no era un peligro, tal vez un poco bruta, y gruñona; pero no era una mala mujer. Además, su comida estaba muy buena. Ni tampoco quería hacer daño a otros. Sebastián, aunque un tanto estirado, también tenía buen corazón.

Tenía el estómago revuelto. Pero ya no sentía aquella horrible sensación de hambre. Y ese hombre, el señor Logan, la trataba bien. La había salvado de aquel cerdo y la había acogido en su casa. Tan solo llevaba unas horas allí, pero Tarta, podía acostumbrarse a vivir así, en realidad, era lo que siempre había soñado.

“Los sueños son peligrosos, hermanita, la gente mala los usará para lastimarte y utilizarte” Solía decirle su hermano. Tarta comenzó a llorar.

Echaba tanto de menos a su hermano. Hacía años que no lo veía. Sabía que estaba vivo, podía sentir su vínculo. Pero era débil. 

— ¿Qué te pasa ahora, niña? — le pregunto Cloti.

— Es mi hermano, lo hecho de menos, quiero volver a estar con él.— ¿Así que tienes un hermano?

— Sí, es dos años mayor que yo. También lo tienen esos hombres…

— Valla, por todos los dioses, que mala noticia, lo siento mucho por ti — Cloti la giró y comenzó a frotar la espalda— bueno, hija, ¿me vas a decir tu nombre?

— Me llamo Tarta — dibujo una fina sonrisa, estaba orgullosa de tener uno de esos nombres.

— ¿Tarta?, ¿Qué clase de nombre es ese?

— Lo he elegido yo. El señor Logan me ha dicho que podía.

— Por encima de mi cadáver, niña, debes tener el nombre de una dama. Pronto, empezará a venir invitados para banquetes, cenas, almuerzos y no pienso quedar en ridículo cuando escuchen esa estupidez.

— Pues me llamo Tarta —sentencio la niña borrando su sonrisa.

— Tienes cara de Tiffany.

— Tengo cara de Tarta.

— Tienes cara de lo que yo te diga, para eso soy mayor que tú. Y te digo que te llamas Tiffany, y no se hable más.

Maldita vieja… no, tranquilízate, es buena. Y tiene razón, es mucho más mayor que yo… pero es que Tarta me gusta tanto.

Cloti comenzó a lavarle el pelo, el jabón en los ojos le escocia, pero era muy gratificante, sentir aquel agua tan calentita por su cara. Además, olía muy bien, debían de ser algunos tipos de planta y por su olor, debían de ser muy bonitas.

— ¿Cómo se llaman estás plantas? — Tarta agarró un par de pétalos que frotaban rojos sobre el agua.

— Son pétalos de Rosa — la mujer agarró un cepillo y comenzó a frotar el pelo de la niña.

— Me gusta.

— A todos nos gusta ese olor.

— Pues… si no puedo llamarme Tarta, me llamaré Rosa.

— ¿Rosa?, Dejémoslo en Rossy, eso es aceptable.

— ¿Rossy? — al decir ese nombre, le producía una sensación graciosa en la boca— Vale, pues me llamaré Rossy — Cloti asintió con la cabeza.

El agua de la bañera estaba tan oscura como el fondo de un tintero. Cloti la enjuago con agua limpia y la seco, con una suave toalla. Rossy, jamás había sentido algo tan suave contra su piel. Y aunque Cloti, no sabía el significado de suavidad. Rossy estaba encantada, al igual que a un perro que rascan su tripa panza arriba. 

Una joven doncella entró en el baño y dejó un paquetito de papel amarillo con un lazo azul. La miró con desdén y salió tan aprisa que Rossy no pudo preguntarle su nombre.Cloti le entrego el paquetito. 

Dentro había un vestido azul turquesa. La tela era muy suave y calentita. En el fondo, iban unos zapatitos de color negro brillantes. Rossy se lo puso todo, nerviosa. Quitando aquel pobre camisón, que había llenado de sangre y comida, había pasado los últimos seis años desnuda dentro de una u otra jaula. Y ahora. Tenía hasta unos zapatos, que por cierto, le apretaban en las punteras. Pero sinceramente, le daba igual.

Cloti la sentó en una silla, delante de ella había un mueble oculto bajo unas sábanas. Cloti estiró de la tela y dejó al descubierto un enorme espejo, el maquillador era de madera de caoba con tallados de enredaderas y el mismo espejo, tenía la forma de una hoja. Rossy se vio reflejada y soltó un gruñido. 

Movía los brazos, retando a aquella imagen que había aparecido frente a ella.

— ¿Qué haces niña?, Déjame cepillarte el pelo.

— ¿Quién es esa? — dijo Rossy, subiendo sus piernas sobre la silla y señalando su reflejo.

— Eres tú, tonta, ¿No irás a decirme que no sabes lo que es un espejo?

— ¿Espejo?

— Si es un cristal que refleja tu imagen.

— ¿Esa… soy yo?

— Claro, niña. De qué agujero sales tú.

— No lo sé… me gusta.

— ¿El qué?

— Mi reflejo, soy bonita.

— Las he visto más guapas — Rossy la miró enfada — y también más feas. Pero eres aceptable. Tal vez podamos encontrarte algún chico.

— ¿Y para qué quiero yo un chico?— Bueno, ya eres una mujercita, querrás relacionarte con chicos de tu edad, ¿No?.

— No, los hombres son malos.

— Valla, pues no eres tan tonta como pareces. Pero aún eres muy joven, tienes que conocer a jóvenes y encontrar un marido.

— ¿Marido?

— Si un hombre con el que pasar el resto de tu vida.

— Ya he sido demasiado tiempo propiedad de hombres, prefiero vivir sola, como tú.

— Querida, yo no he estado siempre así — sus duros ojos comenzaron a brillar lagrimosos—, era una mujer muy bella, los hombres se pegaban por sacarme, a bailar. Pero mi hombre murió, hace ya varios años. Después de cuarenta años de matrimonio.

— ¿Y por qué estuviste cuarenta años con ese hombre? — Rossy no entendía como una mujer tan dura, podía soportar cuarenta años siendo la propiedad de un hombre 

— Por qué nos amábamos, tonta, era el mejor hombre del mundo. Tenía sus cosas, como todos los hombres. Pero era bueno, humilde y sabía dónde tenía que tocarme para que me pusiera…

— Cloti por favor — la voz de Logan sonó tras ellas.

Rossy lo miró desde el reflejo del espejo, el hombre, aunque tenía una cara endurecida, dibujaba una suave curvatura en sus labios. Su barba bien recortada, su pelo bien peinado hacia atrás y de un brillante negro. Sus ojos eran sabios y oscuros como los de ella. Rossy se dio cuenta de que lo estaba mirando fijamente y sus mejillas se colorearon cuando él le giño un ojo.

— Querida, estás preciosa — dijo Logan.

Rossy se puso aún más colorada, nunca la habían tratado con ese respeto.

— Cloti, ¿tu prima aún trabaja? — Logan tenía una voz madura, se movía con elegancia, Rossy sintió algo en su pecho, su corazón se agitaba, ¿Qué me está pasando?, tranquilízate, tranquilízate.

— ¿Lucilda?, ¿la institutriz?, puedo hablar con ella.

— ¿Institutriz? — pregunto Rossy.— Tarta, una institutriz es una mujer que te va a educar.
— No

— ¿No quieres tener una buena educación? — Logan la miró desde su reflejo. Su rostro se tornó serio.

— Ya no me llamo Tarta…

— Ah, valla — la sonrisa, cautivadora, volvió a su rostro.

— ¿Y cómo debo llamar a la dama?

— Rossy

— Bueno, eso sí, es un nombre, y de los buenos. 

— Eso dice Cloti — Logan miró a la mujer con agradecimiento.

Desde fuera del baño, se escuchaban gritos. Sebastián, con su tono fuerte de voz, recriminaba algo a alguien. Logan desapareció a la carrera preocupado. 

Rossy sintió una punzada de miedo. ¿Irían aquellos hombres malos a por ella?, ¿Harían daño a estas buenas personas?.

Que tonta soy, esos monstruos no me van a dar por perdida. Vendrán aquí, lo romperán todo y a todos. Por mi culpa les harán daño… y a mi hermano también. Lo usarán para obligarme a volver…


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