Logan salió al pasillo, al fondo, Sebastián intentaba parar a un iracundo Paúl. Su imagen se reflejaba en el pulido mármol encasillado en blanco y negro. Logan se acercó antes de que Paúl hiciera alguna tontería.
— ¿Qué es este escándalo? — rugió.
— Vengo a por esa niña.
— De eso nada, Paúl — Paúl hizo ademán de empujarlo —, ¿Por qué estás tan enfadado?, ¿Qué ha pasado?
— Ese hijo de puta ya ha matado a uno de mis vecinos, y tiene a los más mayores retenidos hasta que le lleve a esa niña.
— ¿Te ha dado un precio?
— No. Así que apártate, esa niña no vale la vida de todas esas personas buenas — Paúl empujó a Logan, que dio un paso atrás.
— Paúl encontraremos la forma, tranquilízate.
— ¡¿Qué me tranquilicé?!, Quiere matar a mi tío, Logan, ¡A mi tío!
La puerta del baño se abrió y Rossy salió muy despacio. Miró a Paúl y comenzó a llorar. Paúl se quedó quieto. En su interior, debía de haber una gran lucha interna. Logan lo sabía bien. Conocía a Paúl. Ahora que había puesto cara a esa niña, sus principios le tenían que estar azotando puñetazos en el estómago.
— Iré — dijo lloriqueando — he sido una tonta, pensado que podía tener una vida cómo está. Ese hombre no me dejará escapar. Y os hará daño a todos hasta que lo consiga.
— No lo permitiré — sentenció Logan.
— Es mi decisión, señor Logan, no quiero que nadie sufra por mi culpa, y además tienen a mi hermano. Le hará daño para que yo vuelva. Lo sé, puedo sentirlo ahora mismo.
— ¿Sentirlo? — Logan la miró extrañado y a la vez apenado.
— Tenemos un vínculo.
— Maldita sea, ese cabrón quiere Dos mil coronas de oro— dijo avergonzado Paúl — quiere dos mil coronas.
— Pues si ese es su precio lo pagaré — el pasillo se quedó en silencio.
— Pero eso es una fortuna, señor — Sebastián se llevó las manos a la cabeza.
— El dinero va y viene, amigo mío, volveré a conseguirlo si redobló mis esfuerzos.
— ¿Redoblamos?, Querrás decir — dijo Paúl aún alterado—. Yo pondré la mitad.
— No es necesario, iré, y así todos saldréis ganando — Rossy giró sobre sus talones y salió a la carrera.
Cloti salió al pasillo enfada, miró a Paúl y si las miradas matasen, habría consumido cuatro o cinco vidas de mi amigo. Paúl tragó saliva y salió corriendo tras la niña.
— No le pongas un dedo encima, pillastre, o te contaré las pelotas — dijo Cloti olvidando todos los protocolos de educación. Paúl asintió.
— ¿No va usted? —me apunto Sebastián.
— Déjalo, Paúl tiene más don de gentes que yo. La tranquilizará. Prepara dos petates, necesito rápido ese dinero.
— Si señor.
No iba a dejarlo todo al azar, corrí hasta mi cuarto de armas, bajo la mansión. Agarré mi cinturón de cuchillos lanzadores y lo escondí bajo mi fajín negro. Una botellita de somnífero, y agarré mi revólver del cuarenta y cinco, que escondí en mi espalda. No me gustaban las armas de fuego, mucho ruido y muy impersonal. Pero ante varios enemigos, unas manos rápidas sumados a unas balas aún más rápidas, podía solucionar el problema. Guarde la daga, que solía esconder en mi bota, y mi bastón, que dentro portaba un sable bien afilado.
Subí a la cocina y Sebastián, sudoroso, llegó con los petates. Paúl y Rossy, mantenían una conversación en voz baja dentro de la despensa. Preferí no involucrarme. Necesitaba tener la mente fría, concentrando en lo que se nos venía encima. Respiré hondo. Sabía que este momento llegaría algún día, que alguien vería mi verdadero rostro. ¿Pero toda una sala de ojos?
Tres generaciones, tres vidas dedicadas al negocio de la muerte y yo, tenía que ser el que revelará esa información. No era bastante mi decisión de no seguir con el linaje y los descendientes que había prometido no tener. Si no que tenía que destruir tanto trabajo por un momento de debilidad, que lo había llevado a aquella situación. Eso sin contar si al tío de Paúl le sucedía algo…, era un padre para él, un referente. Su muerte lo destruiría. Y con él, nuestra amistad.
Comentarios
Publicar un comentario